Tras la rendición incondicional de la Wehrmacht el 8 de mayo de 1945, Alemania quedó dividida en cuatro zonas de ocupación administradas por Estados Unidos, el Reino Unido, Francia y la Unión Soviética, conforme a los acuerdos alcanzados en Yalta y Potsdam. Las autoridades aliadas asumieron la soberanía plena sobre el territorio, disolvieron el NSDAP y sus organizaciones afiliadas, e impusieron restricciones de movimiento, toque de queda y control informativo sobre la población civil.
Durante el invierno de 1945-1946, las raciones calóricas en la zona americana no alcanzaban el umbral mínimo de subsistencia. Las infraestructuras urbanas presentaban destrucción masiva, el suministro de carbón era insuficiente y la mortalidad infantil aumentó en varias ciudades. Entre doce y catorce millones de expulsados procedentes de Prusia Oriental, Silesia y los Sudetes llegaron a las zonas occidentales en la mayor transferencia forzada de población registrada en Europa.
Los juicios celebrados en Núremberg entre 1945 y 1949 establecieron precedentes en derecho internacional al incorporar los crímenes contra la humanidad como categoría jurídica. Paralelamente, el proceso de desnazificación mediante los Fragebogen y las Spruchkammern procesó millones de casos con resultados desiguales. En enero de 1946 se celebraron las primeras elecciones municipales en la zona americana. El discurso de Stuttgart de septiembre de 1946 y la creación de la Bizonia en diciembre de ese año marcaron el inicio de la divergencia estructural entre las dos entidades políticas que Alemania comenzaba a ser.